7.6.07

El cura

"Oh, no te creas que, porque llevo alzacuello, no me gustan los chistes verdes. La promesa de castidad no nos impide reírnos del sexo. Dicho eso, no nos impide necesariamente practicar sexo, aunque esa es otra historia, siguiendo con el tema, uno que oí la semana pasada. ¿Cómo se embaraza a una monja?
- No lo sé -dijo Greg encogiéndose de hombros.
- Disfrazándola de monaguillo
"

Si me preguntasen, diría que un libro sobre curas pederastas con el que cueste trabajo quitarte la sonrisa de la boca mientras lo lees es algo prácticamente imposible. Un libro con esa temática puede ser duro, provocador, de denuncia, escandaloso... pero ¿divertido? No, definitivamente no habría utilizado ese adjetivo en la vida. Hasta que leí éste, claro. No es que sea especialmente cómico, ni una parodia, ni nada parecido, pero una corriente subterranea de ligero cachondeo lo recorre de principio a fin.

Todo comienza con un sacerdote, un pedófilo que se libró de una condena enorme gracias a las no siempre claras maniobras de la iglesia (mucho dinero y un traslado, resumiendo). Un chantaje a varias bandas y un extraño tatuaje satánico que el susodicho sacerdote decide hacerse en el pecho dan el pistoletazo de salida a una de las tramas más enloquecidas que he tenido el placer de disfrutar en los últimos tiempos. Maniobras antiabortistas, una secta extraña creada por un escritor de ciencia ficción e incluso un muy, muy extraño eh... ¿viaje en el tiempo? (¿O será una alucinación?) para ilustrar la tesis de que el problema real de la iglesia hoy en día es que, básicamente, no ha evolucionado apenas.

El cura es la última novela publicada entre nosotros de Thomas M. Disch (de quien ya comenté en su día la increíble En alas de la canción), y, dicho rápido, es una gozada, más allá de lo provocador de su propuesta. Una trama alucinante (y alucinógena) y un puñado de personajes bien logrados sirven como excusa para articular una tremenda crítica, más que a la religión católica en sí, a la organización que se ha creado a su alrededor. Dicho de otra forma, me ha parecido un cañonazo contra la iglesia, sus maniobras y politiqueos, su obsesión por defender "a los suyos" actúen correctamente o no, más que contra la religión como tal. Y es un cañonazo de los buenos, porque si algo le sobra a Disch es talento, sobradamente demostrado tanto en su etapa cienciaficcionera (novelas como 334, Campo de concentración [*] o En alas de la canción son cumbres del género, densas y deprimentes y divertidas al tiempo, novelas de las que dejan huella) como en su posterior obra realista. Talento y mala leche, una gran combinación.

*Si no me creéis cuando digo que Campo de Concentración es un clásico, al menos haced caso a Buddy Bradley.


Él sabe lo que se dice.

2 comentarios:

Javier Esteban dijo...

Si Buddy lo dice, por supuesto le haré caso... (y desterraré las toallitas contra los puntos negos de la nariz, de paso).

el foliot rojo dijo...

Tengo ese libro hace años, Juanma, y aún estaba esperando en mis estanterías su turno... Pero después de leerte ya sabes lo que va a ocurrir con él, ¿verdad?