Quien lleve pasando por este rincón algún tiempo sabrá de mi profunda admiración por la obra de Fredric Brown, así que no debería ser ninguna sorpresa que considere este volumen, que contiene no una sino tres de las novelas de cf de este hombre, una joya de las valiosas. Tres novelas independientes, la que da título al volumen, Las estrellas desafiantes ("Por sendas estrelladas" en anteriores ediciones) y tal vez su novela más famosa, ¡Marcianos largo de aquí! (anteriormente conocida como "Marciano, vete a casa" o "Marcianos, go home"). Independientes, pero sin embargo algún que otro punto en común. Para empezar, más que novelas de ciencia ficción me han parecido novelas sobre la ciencia ficción. Sobre los fans, sobre los lectores y sobre los autores. Y para qué negarlo, eso no me lo esperaba.
Siguiendo con esta idea, Universo de locos sería la novela que retrata la ciencia ficción más escapista, las revistas pulp (en las que el mismo Brown publicaba) y la mentalidad cuadriculada del fan típico de la época, el que enviaba cartas enfurecidas a las revistas y fanzines criticando a los autores, exigiendo mejores ilustraciones de señoritas con menos ropa y monstruos más horribles. La mentalidad de este "fan típico" es la que da lugar al universo al que se ve transportado el protagonista (un editor de revista, el que "sufre" todas esas misivas enviadas por fans), un universo surgido de la imaginación uno de los fans. Un momento... ¿Un universo creado por la mente de una persona? ¿Alguien dijo Dick? Pues sí, Fredric Brown es una influencia confesa de Dick, y leyendo esta novela no es difícil ver por qué. Igual que haría Dick años más tarde, el universo en que se desarrolla la historia sirve en realidad para estudiar el tipo de mente que posee el "creador". En este caso, la mente de un fan radical de la ciencia ficción de finales de los años cuarenta. O no, porque no es esa la única pirueta dickiana que esconde Universo de locos.En Las estrellas desafiantes el tono humorístico desaparece, y lo que hay es una historia bastante más melancólica. Es la historia de alguien con un sueño, alguien ya entrado en años (un protagonista casi anciano era algo bastante excepcional en la ciencia ficción de los primeros años cincuenta) que hará todo lo posible por cumplir su sueño de llegar a las estrellas. Aunque la tecnología del momento afirme que es imposible. No hay aquí ni alienígenas invadiendo nada, ni aventuras de ningún tipo, ni teletransporte... Solo un tipo persiguiendo su sueño. Si Universo... se burlaba de ciertas actitudes del fándom de la época, Las estrellas... es un homenaje a un género. Y un homenaje poco velado, además: El protagonista reconoce en varias ocasiones que su sueño nació leyendo viejas historias de ciencia ficción (entre ellas una tal "Universo demente"...), y no deja de recomendar disfrutar de ellas "¿Qué más da si son malas? Lo importante es que te hagan soñar".
¡Marcianos, largo de aquí! es, seguramente, la novela más conocida de Fredric Brown. Y es seguramente la historia de invasiones marcianas más cachonda que se ha escrito jamás. Y si las anteriores trataban sobre lo mejor y lo peor de la ciencia ficción, en esta ocasión el protagonista es el responsable de todo: El creador. Un escritor de pulps, con la típica crisis del folio en blanco es el centro de la narración. Y luego están los marcianos, claro. Los marcianos más cabrones que se hayan visto. Físicamente inofensivos, pero tocahuevos hasta límites insospechados. Del tipo que aparecen en un funeral mientras todo el mundo habla de lo bueno que era el fallecido e interrumpen para decir "Eh, pues la semana pasada decías que era despreciable" o "¿Sabías que se acostaba con tu mujer?". Ese tipo de mala leche, pero a escala planetaria. Muy cabrones. La mayor parte de la novela consiste en los marcianos dando por culo por todo el mundo, y el resto se centra en la figura del escritor. Un escritor, ya se ha dicho, en crisis, acostumbrado a escribir sobre marcianos pero incapaz de seguir haciéndolo ahora que están a la vista. O sea, un escritor que ha visto como su "visión personal" se ha convertido en la real, en la de todo el mundo.




