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11.3.10

Los Muertos, la novela

"Nueva York, 1995. Un barrio en las estribaciones de la parte alta de Manhattan; ocho manzanas de edificios; cuatro; dos; una; en su lateral izquierdo: un callejón sin salida y, en él, un charco"

Lo primero que choca de esta novela, más si conoces la obra anterior de Jorge Carrión, es la velocidad. Tanta que casi aturde hasta que le coges el punto. Cambios de escenario, personajes, situaciones que se suceden sin solución de continuidad, sin un cambio de párrafo que nos avise de que todo es distinto desde la frase anterior. A toda velocidad hasta que de repente se detiene en algún detalle, un gesto, o un sonido de fondo. Y entonces acelera otra vez. Todo seco y directo. Y todo resulta algo extraño hasta que te das cuenta de lo que intenta (ALERTA! SPOILER!: y en mi opinión consigue en gran medida) el autor. Que es trasladar al lenguaje literario el audiovisual. Convertir fundidos en negro en cambios de párrafo, hacer zooms a base de palabras como las que encabezan este post. Trasladar la narrativa cinematográfica, o más bien la de las teleseries de última hornada, esas que conocemos todos, a la literatura.

Un misterio de largo alcance a lo Lost, un montón de giros de guión, personajes atormentados y carismáticos... Sí, es justo lo que parece, y engancha como engancha una serie bien hecha. Y entonces la novela se detiene y decide que es momento de reflexionar. Que no todo lo que quiere contar la novela es la historia de esos personajes amnésicos que aparecen en callejones recónditos de esa extraña New York situada en unos EEUU en los que Hillary Clinton es la primera presidenta afroamericana, por atractiva y adictiva que sea dicha historia. Los Muertos quiere ser más que eso.

Los Muertos pretende, una vez nos tiene agarrados y en tensión, reflexionar sobre el mundo. El mundo en que vivimos, el mundo de internet, de los fenómenos de masas, de fans y redes sociales, de saturación y de las extrañas relaciones que se establecen en ese (este) mundo. Reflexión a partir de la acción, aclaro, no encontraremos ninguna parrafada profundísima y espesa pero reveladora, sino personajes que hacen, actúan, se relacionan y escriben desde la ficción para explicar la realidad. Esas frases directas y en apariencia secas se revelan en planos llenos de detalles como salidos de Los Soprano. Los significados y las interpretaciones se multiplican, la peripecia del recién llegado amnésico a esta oscurísima New York que busca recuperar su memoria se convierte en algo más. De la misma manera que una isla en la que ocurren cosas raras puede servir para reflexionar sobre el genocidio o la redención.

Es una novela, resumiendo, con varios niveles de lectura, tantos que ya se han referido a ella como "tour de force post-moderno", "novela crepuscular", "novela freak sobre la guerra civil". No falta razón, todo eso está en la novela (aunque no se nombre ni una sola vez, ni implícita ni explícitamente la guerra civil), y a todo ello habría que añadir el que sea tan malditamente entretenida, incluso sutilmente cachonda en según que momentos (pienso en el final, sobre todo). Como buena novela de la época Lost, la complejidad no está para nada reñida con el entretenimiento. Los Muertos es una muy vistosa hija de su tiempo.

Y el hecho de que alguien como Javier Marías se haya esforzado tanto en malinterpretar declaraciones de Carrión para correr a insultarle, en las páginas de El País, nada menos, no debe ser visto más que como otra señal de un relevo seguramente generacional que ya venía haciendo falta. Es normal que alguien que presume de despreciar internet no haya comprendido nada de nada, ni la campaña de videos virales que precedió al lanzamiento del libro ni el libro en sí, que precisamente habla sobre esos temas. Lo que sí es preocupante es que a Carrión no se le permita ejercer el derecho a réplica, pero igual eso ya es otro tema.

23.1.10

Antifuente, de Fco. Javier Pérez


"Atención: Nada en esta manga, ni en la otra..."

Algo hay de juego de manos, de truco de prestidigitador, en los relatos que conforman Antifuente, del escritor y guionista comiquero Fco. Javier Pérez, como si el autor no pusiera todas las cartas sobre la mesa pero de alguna manera las hiciera patentes. Uno no acaba de saber cómo esa extraña mezcla de imaginería pulp, ciencia ficción alucinada (y muy poco canónica, casi ciencia ficción como herramienta para provocar emociones más que deleite intelectual), erudición pop y pulso punk rock (o metal industrial, según el caso) funciona y provoca las sensaciones que provoca, pero el caso es que lo hace. Lo hace además dando un claro paso adelante respecto a su anterior Dionisia Pop una colección de relatos fantásticos tan radical estilística y temáticamente que pese a ser claramente un producto de género se las apañó para practicamente ofender personalmente a alguno de los "críticos" (ejem...) más "clasicistas" (rancios) del mundillo (algo que es intrínsecamente bueno, sobra decirlo). Y es normal, decir que Dionisia es un libro críptico es quedarse corto. Pensad en un Alan Moore, o un Warren Ellis en pleno subidón de algo poco legal, sumadle las atmósferas retorcidas de unos tool y la agresión directa de unos Stooges y tendréis algo que se situa en el mismo espacio que Dionisia Pop (Qué estupendo título, por cierto). Obviamente no en nivel de calidad, no olvidemos que hablamos de una primera obra, una poderosa, excitante y arriesgada primera obra, pero imperfecta por definición. Y que nadie se extrañe de estas referencias, no hay que olvidar que Fco. Javier Pérez es también guionista de cómics, y ha ejercido más que ocasionalmente de músico punk, y todo eso supura en su obra escrita.

"William Burroughs y Orson Welles y Layne Staley y Robert Anton Wilson y yo hacíamos surf en la costa del País Vasco"

Antifuente, decía, supone un paso adelante. Los relatos han ganado no en claridad, pues siguen siendo complejos collages de pop abisal, celebración pulp y hálito visionario (por nombrar alguna influencia literaria, Robert Anton Wilson, Aleister Crowley, Ballard, Dick, Palahniuk y gente de esa calaña son los primeros que vienen a la mente) que requieren esfuerzo para ser traducidos. Pero si en Dionisia estos collages estaban al desnudo, en Antifuente aparecen recubiertos de una capa más, digamos, narrativa. Siguen siendo complejos, pero más amables con el lector sin suponer ninguna concesión, pues también es Antifuente mucho más personal que Dionisia. Imposible leer "Ciclo necrófilo" o "Reyes de Marte" y no pensar que el autor habla de cosas que seguramente conoce demasiado bien.

La agresión pura de dionisia es más sutil en Antifuente, y oculta cosas. Siguiendo con el símil musical, los Stooges darían paso a algo más en plan aquella versión que Ministry hicieron del Lay lady lay dylaniano, en la que un entramado saturado y sucio y una letra rugida más que cantada ocultaban una preciosa canción de amor. Fco Javier Pérez recubre preocupaciones personalísimas con un estilo recargado y retorcido al servicio de historias con la bella durmiente, ninjas, bestias lovecraftianas, bluesmen sureños, enfermos de alzheimer (FFW // REW, el relato que abre Antifuente es una obra maestra emocionante y sugerente), Ava Gardner dando a luz a una bestia godziliana, slashers que se aparean y visiones de pesadilla ballardiana de la semana santa. Antifuente engaña, y lo que cuenta no es lo que transmite. Y aunque obviamente no es literatura para todos los públicos (no creo que pretenda serlo) es literatura ideal para amantes del riesgo sin miedo a lo desconocido y con ganas de complicarse un poco la vida si al final compensa.

27.4.08

The Gutter Twins live

Llevo más de veinticuatro horas afónico, y es por culpa de esos dos señores de ahí arriba. Mark Lanegan y Greg Dulli, The Gutter Twins y su peazo banda. Señor concierto el del sábado en Barcelona, caballeros. Señor concierto. Había ganas de ver a estos dos, eso quedó claro con la ovación que se llevaron nada más pisar el escenario, tras media horilla del telonero (Ed Harcourt, un tipo autosuficiente: Se grababa las bases en el momento, cogía la guitarra o se sentaba al piano y a cantar. Grande el momento en que un Guitarrista Enmascarado salió a echarse unos guitarrazos...). Ovación de Gala, Dulli saluda a la gente pero Lanegan pasa. Ni una mirada. Parece alguien en medio de una misión muy importante. Se dirige a su micro y se apuntala allí, una mano agarrando el micro y la otra el soporte. Así, mirando al suelo (o con los ojos cerrados) una hora y media. Como una estatua de las buenas, no necesita moverse para impresionar.

Dulli, mucho más comunicativo, ejerce gustoso de maestro de ceremonias en todo momento, jaleando a la gente y dirigiendo a la banda (perfectamente uniformados todos, porque son gente elegante). A Lanegan ya le va bien. Él está ahí para cantar, y todos lo sabemos. Y cuando canta... ¿Sabéis qué? Mejor os lo enseño en este video que algún desvergonzado tuvo la poca decencia de colgar:



Si se oyen berridos probablemente sean de servidor desgañitándose, a esas alturas el concierto iba ya viento en popa, hacía un momento que una casi demasiado intensa Idle hands (ya la conocéis si leísteis el post del viernes) había caldeado definitivamente el ambiente y todos estábamos ya en manos de los Twins. Tremenda la compenetración entre los dos cantantes, como se compensan la economía de gestos de Lanegan con las ganas de implicar a la gente de Dulli, cómo están encantados dejando lucirse al otro. La complicidad es evidente, y no es raro verles intercambiar guiños y sonrisas (sí, también Lanegan sabe sonreír). Si la canción es de Lanegan, Dulli ejerce de lider de su banda de acompañamiento. Si es de Dulli, Lanegan sigue en su pose pero sin cantar. Es curioso lo que hace el carisma, que se pueda llenar tanto un escenario sin moverse...


Tocaron prácticamente entero Saturnalia, el primer (y muy recomendable) disco de esta pareja, y sonó a gloria, pero el delirio llegó en los bises. Antes ya hubo algún guiño al pasado, como la preciosa Papillon de Twilight Singers (el penúltimo proyecto de Dulli), en la que Lanegan aprovecha para colar unos versos de Shadow of the season de los trees, con la consiguiente locura entre el público, pero nada comparado con lo que provocaron Methamphetamine blues (tremebunda, en serio) y, ésta no me la esperaba para nada, una increíble Hit the city, originalmente un dueto entre Lanegan y PJ Harvey que sonó tremenda, aún sin la Harvey.
Resumiendo, Lanegan estuvo tal y como le recordaba (ya le había visto hace años en directo), sólido y con una voz demasiado profunda para ser humana, y hasta disfrutando por momentos. Y Dulli, este sí, encantado de la vida con su amiguete, dirigiendo a la banda (gran banda, hay que decirlo), hablando con el público y derrochando chulería y clase. Si hubiera sido un combate de boxeo Lanegan habría vencido a los puntos y Dulli habría aguantado más que dignamente. Al ser un esfuerzo conjunto, vencieron los Gutter Twins, y nosotros nos fuimos a casa derrotados, rendidos y encantados de la vida.

7.4.08

Tres versiones de Warren Ellis

Versión 1: El pajero desatado

Nextwave, o cuando a Ellis le dan carta blanca pare reírse de los superhéroes. Nextwave es un grupo formado por cinco olvidadísimos personajes de Marvel pateando todo lo que se encuentran por delante de una manera decididamente ridícula y avasalladora. ¿Y Qué se encuentran? Un émulo de Godzilla con calzoncillos lila, una versión malvada de Mazinger Z, hombres-brócoli, un T-rex aficionado al cava, ninjas en gallumbos, cabezones de Elvis, cangrejos homicidas...

... y mis favoritos: Los koalas de la muerte. La cantidad de chistes por página es casi insana, los gags se dan codazos entre ellos intentando destacar. Y de tanto en tanto, una perla de sabiduría, una de esas cosas que deberían enseñar en la escuela. Cosas como:

Redordad explicarle ésto a mamá. Y no os acerquéis a este tebeo a menos que estéis dispuestos a ver a vuestros héroes favoritos vilmente ridiculizados. Sin compasión.

2. Versión 2: El postapocalíptico

"Hace 23 años doce extraños niños nacieron en Inglaterra exactamente al mismo tiempo.
Hace 6 años el mundo acabó.
Ésta es la historia de lo que ocurrió a continuación"

El tono de Freak angels es radicalmente diferente, eso queda claro desde el primer momento. Un historia de ciencia ficción mística de ritmo tranquilo y tremendamente atmosférica. Es la versión más barata de Ellis (de hecho es gratis, se publica semanalmente en Freakangels.com). El aspecto es más que atractivo, con ese Londres postapocalíptico, y la historia me tiene bastante intrigado. En lugar de cincuenta chistes por página aquí encontramos un desarrollo bastante pausado y sin las habituales flipadas ellisianas. Un Ellis contenido y centrado en explicar una historia de cf tomándose todo el tiempo que sea necesario.

Versión 3: El contador de historias

Mi Ellis favorito, el que se impone retos y sale airoso de ellos. ¿Y cual era el reto? Pues emular a Spirit. No tanto al personaje como a la manera en que el maestro Eisner contaba sus historias, esa habilidad sobrenatural para contar complejas y completas historias en un puñado de páginas, una manera de hacer tebeos opuesta a la actual, en que las historias se alargan y los tebeos están llenos de ilustraciones a página completa y viñetas enormes (por ejemplo, el también ellisiano Thunderbolts). Aquí tenemos un puñado de historias narradas de la manera más clásica y sobria posible, nueve viñetas por página y una historia completa en dieciséis.

Fell entra de lleno en el género negro con ese policía relegado (Fell, caído en desgracia) a una ciudad que parece el infierno en la tierra ("Si respiras te mueres"), a lo que ayudan las tremendas ilustraciones de Ben Templesmith (30 días de noche, un tebeo en el que lo mejor era la plasmación gráfica). Una ciudad gris en los exteriores y ocre en los interiores, siempre en sombras y donde los crímenes más desagradables están a la orden del día. Tremenda la cantidad de información que los dibujos adecuados y las palabras justas pueden transmitir en solo dieciséis páginas por caso.

28.3.08

Mundodisco: La parte buena

Porque también hay parte nueva, claro. Por una parte el reciente (en cristiano) Carpe Jugulum, una nueva entrega de la serie de Yaya y compañía, y por otra el estreno el pasado fin de semana de la miniserie basada en El color de la magia y La luz fantástica, esto es, los libros que inauguraron la serie del Mundodisco.

1. Carpe Jugulum: Sexto libro ya centrado en las brujas. Como casi siempre, no es imprescindible haber leído los anteriores para disfrutarlo, pero ayuda, y como ocurre desde hace ya un tiempo con los libros de Pratchett no es tan explosivo como al principio pero a cambio goza de una trama mucho más trabajada y sólida. El mimo puesto en la trama es, de hecho, el aspecto en que más visible se hace la evolución que ha sufrido Pratchett desde sus comienzos hasta ahora. Y en este caso la trama gira alrededor de los vampiros, que son examinados y ridiculizados (si no ésto no sería el Mundodisco). Practicamente todas las variaciones vampíricas que conozcáis (desde el clásico de Stoker hasta los metrosexuales de Rice) y algunas que no conozcáis aparecen en un momento u otro, ya que seguramente lo que intenta estudiar Pratchett es el mismo mito del vampiro, las claves de su pervivencia. Y para completar, nos encontramos con la habituales reflexiones aparentemente ridículas pero con bastante fondo sobre religión, política y halcones, entre otros. Y como siempre resulta refrescante la postura de Pratchett, siempre del lado de la gente de a pie (llega a decir en momentos diferentes y refiriéndose una vez a los gobiernos y otra a la religión que "los problemas llegan cuando se empieza a tratar a la gente como cosas") . Y luego hay temas serios, como los conflictos familiares entre vampiros (ya sabéis, lo típico de los jovenes rebeldes de quedarse despiertos hasta el mediodía, su gusto por vestir ropa de colores vivos, sus constantes quejas sobre el exceso de goticismo de sus padres... Conflictos generacionales de todo tipo, vaya.

Por cierto, ODIO lo que la editorial española está haciendo con las portadas de Paul Kidby. Alguien capaz de convertir esto

en esta basurilla sin alma no tiene perdón.

Y merece sufrir mucho.

2. Terry Pratchett's The colour of magic: Segunda adaptación mundodisquera, también en forma de miniserie y con el mismo equipo que alumbró Hogfather hace un par de navidades a los mandos. Como estoy a la espera de que algún alma generosa se curre unos subtitulillos antes de verla poco puedo opinar. De entrada pinta bien, el equipo demostró en Hogfather que es posible dotar de vida a las criaturas de Pratchett y no morir en el intento. Además, alguien merece que le inviten a una cena. Concretamente el que se haya encargado de reunir el casting. Atentos: Acompañando a David Jason, que repite como Rincewind, nada más y nada menos que Tim Curry, Sean Astin (el hobbitt Sam en lo que parece uno de los trabajos en que mejor se lo ha pasado), el semidios Christopher Lee (¿Hay alguien más cualificado para poner voz a la muerte?) y...



Casi nada. En cuanto a las reacciones que ha provocado, pues casi se podría decir que van en la mejor de las direcciones: Mucha fidelidad a la obra original (¡Hey! ¡El mismísimo Pratchett estuvo encima durante todo el proceso! ¡Incluso tiene un cameo!), momento hilarantes pero falta de un nexo claro entre dichos momentos. Es decir, exactamente como los libros, que eran más varios relatos enlazados que novelas propiamente dichas (eso cambió poco después, pero en los principios de la serie importaban más los momentos que la trama). Ahora solo falta encadenar a algún subtitulador al ordenador hasta que acabe su jodido trabajo y disfrutarla en primera persona. ¿Llegaremos a verla en alguna de las lenguas patrias? Pues teniendo en cuenta que los derechos de Hogfather los tiene Antena 3 y las navidades van pasando sin que se atrevan a emitirla, sinceramente, lo veo complicado.

Por cierto, puestos a comparar: En Gran Bretaña emiten cosas como Hogfather para navidad y The colour of magic en pascual. ¿Y aquí qué nos ponen en navidad y semana santa? Snif...

5.3.08

Cobarde

¿Recordáis Reservoir dogs? Más concretamente al personaje que interpretaba Steve Buscemi en Reservoir dogs (ahora caerán spoilers sobre reservoir dogs. Soy de la opinión de que si aún queda alguien que no la haya visto a estas alturas merece ser spoileado hasta la muerte. Y sí, dije en un comentario al post anterior que odio los spoilers a muerte, pero es lo que hay. Además de criterio me falta coherencia.). Steve Buscemi, decía. Mr. Pink, el tipo que se pasaba la película diciendo "¿Pero es que soy el único profesional en este grupo?". ¿Qué hacía Mr. Pink cuando se acercaba el final de la peli, la tensión se disparaba y todo apuntaba a un final trágico?



Efectivamente, se escondía como una rata, eliminaba al superviviente y se largaba con la pasta. Era el único del grupo de atracadores que lograba acabar la película con vida. Por comportarse como un cobarde. O como un profesional.

Esto viene a que mr. Pink podría ser perfectamente el protagonista del primer volumen de Criminal, muy adecuadamente titulado "Cobarde". Según vemos en la introducción de la historia, Leo también gusta de "trabajar" como un profesional, trazando y siguiendo estrictamente planes milimétricos y teniendo siempre a punto una vía de escape en caso de que algo se tuerza. Una vía que utiliza a la mínima señal de que algo no funciona exactamente como debería. Un tipo que no duda en abandonar a su suerte a cualquiera con tal de seguir con vida. De ahí su reputación de cobarde. También, como vemos en las tres primeras páginas de la historia, fue el único superviviente de un atraco fallido . Incluso su imagen remite a la de Buscemi. Así que podríamos estar hablando perfectamente de Reservoir dogs 2 si no fuera porque además la obra bebe de la época dorada del género negro. Así que podríamos estar hablando de un pastiche, un mix-up de elementos ya vistos, entretenido pero carente de fondo si no fuera porque Brubaker tiene estilo. Mucho estilo.

Porque la historia tiene todo lo que esperas del género negro, todos los personajes llenos de dobleces, secretos, mentiras y rincones oscuros, todos los engaños y trucos típicos. Y todos encajan a la perfección. No solo eso: No sé cómo narices lo ha hecho, pero Brubaker ha conseguido que TODO brille como si fuera la primera vez que nos cuentan algo así. Supongo que es lo que se conoce como "dar un nuevo giro a los tópicos de siempre", o algo así. Da igual, lo importante es que funciona, y que no puedes evitar dejarte arrastrar hasta llegar a un final desengañado, amargo y valiente. Un final cerrado, por cierto. La serie continúa publicándose, pero la historia de "Cobarde" acaba aquí.

¿Cómo? ¿Que qué tal dibujada está la historia? Bueno, siempre he pensado que en estos casos efectivamente es mejor una imagen que mil palabras, así que juzgad vosotros mismos (la página la he sacado de Criminal blog, por eso está en ingles. Y como ocurre con los grandes dibujantes casi luce mejor sin colorear).



No es la primera vez que Ed Brubaker y Sean Phillips trabajan juntos (¿He dicho ya que quien no haya leído o vaya a leer Sleeper tiene muchas papeletas para ir directo al infierno?) y se nota, son uno de esos casos en que el resultado es mayor que la suma de sus partes. Trabajando con otra gente son brillantes, pero cuando se juntan se ve claramente que no hay mejor ilustrador para las historias del primero que Phillips y que no hay escritor que encaje mejor con el estilo del segundo que Brubaker. Juntos llevan creados dos de mis tebeos favoritos (no, no voy a repetir los títulos), y lo mejor del segundo de ellos es que el viaje acaba de comenzar.

11.12.07

Sueños sin noche

Tras una espera que se me ha hecho larga, no voy a negarlo, ya está disponible este Sueños de noche, obra de varios viejos conocidos de este rinconcito (Felideus y Jezabel ilustrando historias de Mª Isabel Rodríguez, Santiago Eximeno, José A. Cotrina, David Jasso, Jose Antonio Fernández Madrigal y el mismo Felideus). Pero aunque algunos sean amiguetes, lo mejor de todo es que no hace falta tirar de colegueo para hablar bien de este cómic, ya que habla por sí mismo. Para empezar, la edición es de auténtico lujo, tapa dura, papel de calidad, tamaño grandote... No sé muy bien cómo funciona el negocio, pero imagino que no debe ser nada fácil para unos neófitos en el medio publicar un álbum de estas características, así que si la editorial apuesta por ellos de esta manera debe ser por algo, ¿no?

¿Y qué es lo que ofrece este cómic bajo este envoltorio tan lujoso? Pues una antología de relatos de terror, cada una con su propio estilo y aspecto gráfico. Y es esta variedad gráfica lo que más choca de este volumen: Realmente poco tienen que ver los tonos ocres y el aspecto de pergamino avejentado que lucen el prólogo y el epílogo

con el blanco y negro puro de Alimento para el alma

o con la limpieza y detallismo de Alicia


A la vista está, juzgad vosotros mismos.
La misma variedad que muestra el apartado gráfico se encuentra también en el argumental, aunque todas puedan ser consideradas historias de terror no es que tengan gran cosa en común, saltando sin complejos de la ciencia ficción con matices religiosos de "Transitus homini" (estupenda aportación de Madrigal) a una historia de monstruos en el armario ("Alicia", escrita por Cotrina, mi favorita del álbum), haciendo una paradita en el humor negro más bruto y directo ("Alimento para el alma"), y sin olvidar prevenirnos sobre los peligros de la fiebre ("Sueños febriles", malsano David Jasso. Malsano y cruel, que es de lo que se trata). La historia de Mª Isabel Rodríguez (por aquí se la conoce como Nimrodelisa) se aparta del cómic típico para ser más un relato, casi una leyenda, enmarcado con preciosas ilustraciones de estilo medieval, mientras que Black Hole Jack, escrito e ilustrado por Felideus himself, es el relato más excentrico del volumen y uno de los más extraños que he leído en mucho tiempo. Blacksploitation, homenaje a reservoir dogs, personajes preguntándose por las motivaciones del tipo que les escribe los diálogos... Ni Tarantino en pleno subidón metaficcional, oigan.

En fin, que me ha parecido un muy buen debut, un tebeo realmente disfrutable, sobre todo si, como yo, se es aficionado a las historias cortas de terror y al humor negro. Lo único que me extraña (aunque puede ser que no haya mirado en los lugares apropiados) es que, pese a ser una apuesta clara (¿he dicho ya que la edición es de lujo?) aún no he visto ninguna mención ni en blogs de cómics ni en los dedicados al fantástico, de cuyo mundillo vienen todos los implicados. Cuestión de tiempo, supongo, porque realmente es un tebeo que vale la pena. Ojalá sea el primero de muchos por venir.

3.10.07

Universo de locos

Quien lleve pasando por este rincón algún tiempo sabrá de mi profunda admiración por la obra de Fredric Brown, así que no debería ser ninguna sorpresa que considere este volumen, que contiene no una sino tres de las novelas de cf de este hombre, una joya de las valiosas. Tres novelas independientes, la que da título al volumen, Las estrellas desafiantes ("Por sendas estrelladas" en anteriores ediciones) y tal vez su novela más famosa, ¡Marcianos largo de aquí! (anteriormente conocida como "Marciano, vete a casa" o "Marcianos, go home"). Independientes, pero sin embargo algún que otro punto en común. Para empezar, más que novelas de ciencia ficción me han parecido novelas sobre la ciencia ficción. Sobre los fans, sobre los lectores y sobre los autores. Y para qué negarlo, eso no me lo esperaba.

Siguiendo con esta idea, Universo de locos sería la novela que retrata la ciencia ficción más escapista, las revistas pulp (en las que el mismo Brown publicaba) y la mentalidad cuadriculada del fan típico de la época, el que enviaba cartas enfurecidas a las revistas y fanzines criticando a los autores, exigiendo mejores ilustraciones de señoritas con menos ropa y monstruos más horribles. La mentalidad de este "fan típico" es la que da lugar al universo al que se ve transportado el protagonista (un editor de revista, el que "sufre" todas esas misivas enviadas por fans), un universo surgido de la imaginación uno de los fans. Un momento... ¿Un universo creado por la mente de una persona? ¿Alguien dijo Dick? Pues sí, Fredric Brown es una influencia confesa de Dick, y leyendo esta novela no es difícil ver por qué. Igual que haría Dick años más tarde, el universo en que se desarrolla la historia sirve en realidad para estudiar el tipo de mente que posee el "creador". En este caso, la mente de un fan radical de la ciencia ficción de finales de los años cuarenta. O no, porque no es esa la única pirueta dickiana que esconde Universo de locos.

En Las estrellas desafiantes el tono humorístico desaparece, y lo que hay es una historia bastante más melancólica. Es la historia de alguien con un sueño, alguien ya entrado en años (un protagonista casi anciano era algo bastante excepcional en la ciencia ficción de los primeros años cincuenta) que hará todo lo posible por cumplir su sueño de llegar a las estrellas. Aunque la tecnología del momento afirme que es imposible. No hay aquí ni alienígenas invadiendo nada, ni aventuras de ningún tipo, ni teletransporte... Solo un tipo persiguiendo su sueño. Si Universo... se burlaba de ciertas actitudes del fándom de la época, Las estrellas... es un homenaje a un género. Y un homenaje poco velado, además: El protagonista reconoce en varias ocasiones que su sueño nació leyendo viejas historias de ciencia ficción (entre ellas una tal "Universo demente"...), y no deja de recomendar disfrutar de ellas "¿Qué más da si son malas? Lo importante es que te hagan soñar".

¡Marcianos, largo de aquí! es, seguramente, la novela más conocida de Fredric Brown. Y es seguramente la historia de invasiones marcianas más cachonda que se ha escrito jamás. Y si las anteriores trataban sobre lo mejor y lo peor de la ciencia ficción, en esta ocasión el protagonista es el responsable de todo: El creador. Un escritor de pulps, con la típica crisis del folio en blanco es el centro de la narración. Y luego están los marcianos, claro. Los marcianos más cabrones que se hayan visto. Físicamente inofensivos, pero tocahuevos hasta límites insospechados. Del tipo que aparecen en un funeral mientras todo el mundo habla de lo bueno que era el fallecido e interrumpen para decir "Eh, pues la semana pasada decías que era despreciable" o "¿Sabías que se acostaba con tu mujer?". Ese tipo de mala leche, pero a escala planetaria. Muy cabrones. La mayor parte de la novela consiste en los marcianos dando por culo por todo el mundo, y el resto se centra en la figura del escritor. Un escritor, ya se ha dicho, en crisis, acostumbrado a escribir sobre marcianos pero incapaz de seguir haciéndolo ahora que están a la vista. O sea, un escritor que ha visto como su "visión personal" se ha convertido en la real, en la de todo el mundo.

17.9.07

La chica de al lado

"No voy a contaros esto.
Me niego...

Hay cosas que sabes que morirías antes de contarlas, cosas que deberías haber muerto antes de verlas.

Yo observé y lo vi."


He aquí un libro realmente desagradable e incómodo, un libro que no me ha proporcionado los sustos que espero de una historia de miedo pero a cambio ha hecho que me removiera, realmente inquieto, más de dos y más de tres veces mientras lo leía. Un libro que no necesita de ningún elemento sobrenatural ni de ningún festival de vísceras para provocar algo más que desasosiego.

La chica de al lado narra un episodio de la infancia del narrador, la llegada de una chica nueva al barrio y cómo ésto desencadena el desastre, la pérdida de la inocencia de una manera más que brutal y cómo de fácil puede llegar a ser dejarse arrastrar por la locura.

Al principio todo es perfecto, están los amigos de la infancia, la chica nueva, su tía Ruth, amiga de todo el mundo... Hasta que Meg, la chica, comienza a dar muestras de una levísima rebeldía. Que su tía, la genial (según toda la pandilla) tía de Meg tiene que ser castigada para evitar males mayores. Y a partir de ahí, la locura. El castigo va endureciéndose, y pronto es pura y simple tortura, que va aumentando en intensidad al tiempo que la locura de Ruth crece. La idea es no solo castigar a la chica, sino destrozar su voluntad también. Esa locura, en otro giro hacia el horror más puro, contagia rápidamente a los chicos de la pandilla...

Visto lo visto en este libro, Jack Ketchum es un escritor implacable al que no le gustan las salidas fáciles. Nadie es inocente en este libro, salvo quizás la víctima. Ni siquiera los niños, que aquí son al mismo tiempo víctimas y torturadores. Tremendo retrato de la infancia el que se marca el autor, indefensión total frente a los adultos y crueldad absoluta con los más débiles. Y tremendo retrato de lo que puede suceder tras las paredes de cualquier hogar. Ya digo que es un libro nada agradable. Y el hecho de que no se limite a una exposición de atrocidades, sino que se atreva a explorar el descenso a la locura y lo fácil que puede ser dejarse arrastrar por ella de una manera tremendamente verosímil (o eso me ha parecido) dota al libro de una potencia descomunal. Y el que la idea surgiera, según cuenta el autor en el epílogo, de un hecho real acontecido a mediados de los 60 lo hace todo mucho más horrible. La manida frase "no apto para estómagos sensibles" nunca ha tenido más sentido que con este libro. Y eso, tratándose de un libro de terror, es el mejor elogio posible.

Buscando información sobre el autor y el libro (no había oído hablar de Ketchum hasta hace muy poco, y si no me equivoco no hay nada más suyo traducido a nuestra lengua) me he encontrado con que la adaptación al celuloide de esta obra está lista para estrenarse ya mismo. Aquí está el trailer, que parece bastante fiel. Aunque no creo que se atrevan a llegar a los límites de crueldad que alcanza la obra de Ketchum, por lo menos en el aspecto psicológico. Veremos.



31.8.07

El puente

"Existen tres posibilidades:
1. El puente es simplemente eso, algo que enlaza dos masas de tierra. Éstas se encuentran a mucha distancia una de otra, y el puente lleva una existencia ajena a ellas, aunque el tráfico cruza la estructura de lado a lado.
2. El puente es, en efecto, sólo un pilar; a un extremo hay tierra, al otro no.
3. El puente no está en contacto con ningún tipo de tierra firme, a excepción de los islotes que hay debajo de cada sección tercera."

El puente es una novela que leí por primera vez hace ya más de diez años, y una de las pocas a las que vuelvo regularmente. Es además uno de los principales motivos de que Iain Banks, a veces con una "M," entre el nombre y el apellido tenga consideración de imprescindible en esta casa. Para aclarar un poco ésto último hay que decir que Banks divide su producción en dos partes: Por una parte su producción de ciencia ficción, encabezada por la serie de la Cultura, varias novelas independientes situadas en el mismo universo que son, muy probablemente, el mejor exponente del space opera creado en los últimos veinte años (pinchad aquí para más detalles sobre esta vertiente de la obra de Banks). Esta es la parte de su obra firmada como "Iain M. Banks". Y por el otro está su obra más mainstream, que se olvida de la "M.". Y esta faceta, lejos de ser el tipo de obra radicalmente realista que uno esperaría de alguien que quiere diferenciarse de un escritor de ciencia ficción es, literalmente, inclasificable. Y por lo menos igual de imaginativa que sus novelas espaciales. Ni en un millón de años clasificaría la muy malsana "La fábrica de las avispas", la extraña "Pasos sobre el cristal" ni muchísimo menos esta irreal "El puente" como obras realistas. De hecho, no sabría cómo clasificarlas.

Ese puente gigantesco en el que un amnésico intenta averiguar quién es él y qué es realmente ese puente es el verdadero protagonista de la historia. El puente que no se sabe si une algo, un puente con sociedades enteras viviendo en él. Un puente que no dejará de poner trabas a su búsqueda, y un puente en el que los sueños, ya sean sobre extraños que se encuentran en la noche o sobre héroes bárbaros tipo Conan con graves problemas para formar frases pero mucha habilidad en el manejo de enormes espadas, tienen una gran importancia. Además de resultar un triple salto mortal para el autor, pues se trata de sueños dentro de un gran sueño, el sueño de un comatoso. Toda la novela es una gran alucinación, o sueño, o como queráis llamarlo, de un individuo en coma, y esto no es ningún spoiler. Comprobadlo leyendo las primeras páginas del libro (pinchando aquí): Las cartas están sobre la mesa desde el primer momento, a Banks no le interesa enlazar escenas sin sentido y resolverlo todo con un "... al final todo fue un sueño", sino más bien explorar la psique del protagonista, algo tan antiguo como la búsqueda de la identidad. Suena espeso, pero no temáis. El puente es una lectura a ratos agobiante (como una pesadilla), a ratos cachondísima, por momentos irreal y siempre fascinante. Ese tipo de fascinación que ejercen algunas alucinaciones, no sé si me entendéis.

Dije más arriba que es un libro al que regreso de tanto en tanto. A cada relectura descubro algo nuevo, como si cada vez el libro tuviera algo más que ofrecerme. Como si el libro, como el puente que retrata, fuera algo más.

28.6.07

253

253, de Geoff Ryman, es una novela rara. Para empezar, es la versión en papel de una obra escrita originalmente para internet que, si domináis la lengua inglesa aún podéis leer pinchando aquí. Además, está escrita bajo unas normas muy claras y estrictas: La historia transcurre durante un viaje en metro, unos siete minutos en total transcurren entre el comienzo y el final del libro. En ese metro viajan 252 pasajeros y el conductor del mismo. Cada capítulo es una descripción de uno los viajeros, y cuenta exactamente con 253 palabras. Por una vez, en la traducción al español se ha conservado el juego, y también en nuestro idioma cada capítulo consta de 253 palabras (las notas a pie de página, que varias veces son más largas que cualquiera de los capítulos, no cuentan). ¿No parece un libro un poco marciano? Claro, porque lo es.

Cada capítulo se divide en tres partes, una para explicar el aspecto físico del viajero en cuestión, otra con algunos datos personales del mismo y una tercera que cuenta qué está haciendo el personaje en cuestión. Y hay personajes de todo tipo, el tipo de gente que uno puede encontrarse en el metro: Trabajadores, turistas, inmigrantes, estudiantes... Todo un muestrario de gente corriente, con sus inquietudes, problemas e ilusiones, descrita de manera casi telegráfica pero tremendamente efectiva. No es que lleguemos a conocer profundamente a cada personaje, es que, según va avanzando el libro no puedes evitar ir volviendo atrás, cada vez que algún personaje mira a otro, o le suena su cara, o le conoce... Todo esto se arreglaba en la versión electrónica mediante links que, evidentemente, se han perdido en la versión en papel. Y a veces, para qué negarlo, se echan en un poco en falta. No muchas, por suerte, porque es muy fácil encontrar el capítulo dedicado a un personaje determinado (por una vez, los mapas incluídos en un libro tienen una utilidad real).

Para añadir más extrañeza aún al conjunto ahí están esas desopilantes notas a pie de página, las "útiles e instructivas notas de 253". A veces explican detalles de la fábrica a la que se dirige un pasajero en concreto, o explica la historia de algún lugar relacionado con otro, o símplemente dicen "esto es mentira, me lo inventé", planteando un juego entre realidad y ficción, entre la novela, el autor y el lector. Un jjuego que, lejos de limitarse a las notas, es una constante en el libro. Uno de los personajes, un actor callejero, se llama igual que el autor. Otro se llama Margaret Thatcher. Todo contribuye para ir creando una poderosa sensación de irrealidad, pese a ser, en teoría, una simple colección de "fotografías" de gente normal. Las notas, por cierto, suelen ser cachondísimas, igual que esos anuncios de 253 repartidos a lo largo del libro, que animan al lector a escribir su propio capítulo, o explican por qué 253 será mano de santo a la hora de presumir de estar al día entre tus amigos intelectuales...

En la contraportada pone que es una ficción experimental y post-moderna. Pues vale. Además, se lee en un plis. Y se disfruta, claro. Si no de qué iba yo a perder el tiempo hablando sobre ella...

7.6.07

El cura

"Oh, no te creas que, porque llevo alzacuello, no me gustan los chistes verdes. La promesa de castidad no nos impide reírnos del sexo. Dicho eso, no nos impide necesariamente practicar sexo, aunque esa es otra historia, siguiendo con el tema, uno que oí la semana pasada. ¿Cómo se embaraza a una monja?
- No lo sé -dijo Greg encogiéndose de hombros.
- Disfrazándola de monaguillo
"

Si me preguntasen, diría que un libro sobre curas pederastas con el que cueste trabajo quitarte la sonrisa de la boca mientras lo lees es algo prácticamente imposible. Un libro con esa temática puede ser duro, provocador, de denuncia, escandaloso... pero ¿divertido? No, definitivamente no habría utilizado ese adjetivo en la vida. Hasta que leí éste, claro. No es que sea especialmente cómico, ni una parodia, ni nada parecido, pero una corriente subterranea de ligero cachondeo lo recorre de principio a fin.

Todo comienza con un sacerdote, un pedófilo que se libró de una condena enorme gracias a las no siempre claras maniobras de la iglesia (mucho dinero y un traslado, resumiendo). Un chantaje a varias bandas y un extraño tatuaje satánico que el susodicho sacerdote decide hacerse en el pecho dan el pistoletazo de salida a una de las tramas más enloquecidas que he tenido el placer de disfrutar en los últimos tiempos. Maniobras antiabortistas, una secta extraña creada por un escritor de ciencia ficción e incluso un muy, muy extraño eh... ¿viaje en el tiempo? (¿O será una alucinación?) para ilustrar la tesis de que el problema real de la iglesia hoy en día es que, básicamente, no ha evolucionado apenas.

El cura es la última novela publicada entre nosotros de Thomas M. Disch (de quien ya comenté en su día la increíble En alas de la canción), y, dicho rápido, es una gozada, más allá de lo provocador de su propuesta. Una trama alucinante (y alucinógena) y un puñado de personajes bien logrados sirven como excusa para articular una tremenda crítica, más que a la religión católica en sí, a la organización que se ha creado a su alrededor. Dicho de otra forma, me ha parecido un cañonazo contra la iglesia, sus maniobras y politiqueos, su obsesión por defender "a los suyos" actúen correctamente o no, más que contra la religión como tal. Y es un cañonazo de los buenos, porque si algo le sobra a Disch es talento, sobradamente demostrado tanto en su etapa cienciaficcionera (novelas como 334, Campo de concentración [*] o En alas de la canción son cumbres del género, densas y deprimentes y divertidas al tiempo, novelas de las que dejan huella) como en su posterior obra realista. Talento y mala leche, una gran combinación.

*Si no me creéis cuando digo que Campo de Concentración es un clásico, al menos haced caso a Buddy Bradley.


Él sabe lo que se dice.

2.5.07

Chicas muertas

"Se abrieron paso a través de la puerta; yo salté por el balcón y eché a correr. Era medianoche en Nongkhai y no sabía hacia dónde ir."

Pocas veces un comienzo resume tan bien el espíritu de un libro como en este caso, pues Chicas Muertas es, ni más ni menos, la historia de una pareja desesperada embarcada en una huída hacia adelante sin esperanza alguna de alcanzar un buen final. Ella, Primavera, es una muñeca, una chica contaminada con un extraño virus capaz de modificar la estructura genética del infectado. ¿Sus efectos? Bueno, resumiendo, su piel se transforma en plástico, poco a poco, y pierde toda capacidad de sentir nada, aparte de un voraz apetito sexual (de la variedad que incluye cuchillas, jeringuillas, mordiscos virulentos y bastante sangre. Todo esto con el único fin de propagar el virus, claro). Él, Iggy (¿Pop?) está enganchado a ella, de la misma manera que otros están enganchados a la heroína. O quizás enamorado, nunca se sabe con estos sentimientos tan extremos. Y huyen, al principio, de un Londres convertido en un gigantesco gheto (para intentar controlar la plaga).

El libro es cortito y contundente, y parece escrito con animo de escandalizar a mentes bienpensantes, con continuas exhibiciones de sexo "radical" y depravaciones varias. Un paseo por el lado salvaje, que dirían algunos, aunque seguramente no sea tan enfermizo como pretende. De hecho, a ratos me dio la impresión de estar leyendo las fantasías de un salido. ¿A quién si no se le ocurriría imaginar un mundo en el que una enfermedad convierte a las jovencitas en los fetiches sexuales, siempre deseosas y dispuestas a hacer cualquier barbaridad que se le ocurra al machote de turno? No digo que el libro sea eso, sino que no es tanto un libro provocador (que es como lo venden, no hay más que mirar la contraportada o leer la solapa para comprobar como abundan adjetivos como "mórbido", "escandaloso", "provocador", etc...) como una fantasía punk de personajes viviendo al límite y contra el mundo. Y, por supuesto, sin esperanza. No future...

5.2.07

El consejo de hierro

"El tren perpetuo se ha vuelto salvaje. El consejo de hierro es ahora un renegado"

La estación de la calle Perdido tiene el honor de ser la primera novela de fantasía que yo haya leído (y llevo unas cuantas) en la que aparecen las palabras "huelga" y "carga policial". Me chocó, qué queréis que os diga, acostumbrado a huír de plagios cada vez más descarados de El señor de los anillos (que sí, es adictiva y memorable, pero también tiene un tufillo reaccionario que pa qué...) encontrarme con una novela con una clara conciencia social y un descarado espíritu contestatario. Además de ser capaz de provocar varios terremotos cerebrales de alta intensidad, con su búsqueda radical de sorprender a cualquier precio.

La Cicatriz, siguiente novela de China Miéville, no me enganchó de la misma manera. Me pareció demasiado. Demasiado ansiosa por epatar, por buscar el más difícil, grande y salvaje todavía.

¿Y qué tal El consejo de hierro? Pues por lo pronto no sorprende tanto como en su día lo hizo Calle Perdido, pero eso es normal. Al desarrollarse en un escenario conocido se pierde el factor sorpresa, y además el autor se muestra bastante más comedido que en La Cicatriz. Esta novela busca menos sorprender a cualquier precio y más explicar una historia potente. El resultado es su novela más equilibrada hasta la fecha.

¿Y de qué va? Pues de una revuelta, y del valor de los símbolos.

Una revuelta contra la autoridad por parte de los oprimidos de Nueva Crobuzón, que sigue resultando un escenario tan fascinante como en Calle Perdido, casi un personaje más de la novela. ¿La rebelión de los oprimidos? Qué original, ¿no? Bueno, hablamos de China Miéville, un tipo que aún atándose en corto tiene cincuenta veces más imaginación de lo normal, así que quizás no sea muy original, pero sí diferente. Una novela de fantasía normal no se cuestiona sobre la importancia (o no) de los artistas a la hora de generar opiniones, ni sobre los límites entre rebelión, revuelta, revolución y terrorismo. Y por supuesto no hacen todo esto en medio de una novela de acción sin descanso.

Y en cuanto a los símbolos... Pensad en un tren. Siempre el mismo recorrido, atrapado en las vías. ¿Se os ocurre una imagen mejor para la rutina, lo predecible y prefijado, la falta de libertad, en definitiva? Pues gran parte de esta novela está dedicada a convertir a ese tren en símbolo de libertad y libre albedrío, y ese tren libertario es la imagen que queda al acabar el libro.

¿He dicho ya que me ha encantado?


Actualización: Ya que estamos con lo de los principios, si pincháis aquí podréis leer las primeras quince páginas de El consejo de hierro.

18.1.07

Pandora en el Congo

"El Congo. Imaginemos una superficie tan grande como Inglaterra, Francia y España juntas. Imaginemos, ahora, toda esa superficie cubierta por árboles de entre seis y sesenta metros de altura. Y, bajo los árboles, nada."

Cuantas más vueltas doy a Pandora en el Congo más cosas encuentro para comentar, y menos clar tengo cómo hacerlo.

Por una parte está el relato de aventuras en la selva, el núcleo de la novela (prácticamente una novela dentro de la novela), la historia de una expedición en busca de oro y diamantes y el encontronazo que tiene lugar con unas criaturas subterráneas con no muy buenas intenciones. Esta parte puede recordar a la anterior obra de Albert Sánchez Piñol, pero que nadie se equivoque: No está volviendo a contar la misma (impresionante) historia cambiando el decorado, aquí cuenta más la aventura (oscura, pero aventura) que el agobio y la tensión casi insoportables de La piel fría. Además, no es esta la historia que realmente explica Pandora en el Congo.

Porque la otra parte de la novela cuenta "la historia de la historia", y es casi más arrebatadora que el segmento selvático.

El protagonista es un escritor primerizo a principios del siglo XX, que se gana la vida como "negro" de un conocido autor de noveluchas pulp de aventuras en la jungla. Al quedar sin trabajo, es contratado por un abogado para que novelice la historia de uno de sus defendidos, condenado a muerte. Así, la narración va saltando entre la historia que cuenta el condenado (la expedición) y los esfuerzos del escritor para conseguir una obra digna, intentando escapar del estilo cutre de sus anteriores obras. Casi diría que, más que una novela de aventuras fantásticas, Pandora en el Congo es una obra que trata sobre la escritura.

Pero Albert Sánchez Piñol es un enamorado de la trama, y aquí consigue que la sección selvática sea arrebatadora, por ritmo e intensidad (que no alcanza las cotas de tensión de La Piel Fría pero lo compensa con un sentido del humor del que carece la anterior), y que la "sección Londinense" suba aún más el nivel, contando los problemas, las dudas, todo el proceso de documentación y creación de la novela, así como la vida del autor en esos tiempos.

Huy, huy, huy... ¿Es una novela supersesuda, para enteradillos?
NO rotundo. Es una novela que engancha desde el principio, escrita con un estilo chispeante, mucho más florido y exhuberante que el usado en La Piel Fria (que era seco hasta decir basta), y un sentido del humor que en ocasiones traspasa claramente los límites del cachondeo. No solo he disfrutado como un enano leyendo Pandora, sino que me he reído con este libro como hacía tiempo que no me reía. De verdad...

"(Obviamente, NO tenemos una explicación plausible para justificar que unos legionarios romanos se hayan perpetuado en la selva y sin el concurso de una matriz femenina. Bien, este es el típico incidente narrativo donde no hay más remedio que recurrir a la TEORÍA DE LAS ESPORAS.)"

Además, no puedo estar más de acuerdo con lo que este libro dice en algún momento: Los buenos y los malos libros, en el fondo, utilizan los mismos ingredientes. Y la diferencia entre los buenos y los malos no es la pertenencia o no a un género o tradición, sino, simplemente, el estilo y la pasión con que estén hechos. Éste, para mi gussto, anda bien sobrado de ambos.

29.11.06

Luz

La modalidad más clásica y posiblemente la más cultivada también de la cf es el Space Opera. Esas historias de grandes naves surcando el cosmos, explorando nuevos mundos, luchando contra imperios alienígenas y tal. Aquello que Dick definía como westerns futuristas, seguramente la vertiente más aventurera y escapista del género (naturalmente, siempre con excepciones). El núcleo del mismo, al menos durante su época más clásica, cuando el futuro aún se vislumbraba brillante. Digamos hasta la década de los 60 del siglo pasado.

Luz es un space opera.

A mediados de los 60, sin embargo, una nueva generación de escritores decidieron, y demostraron, que la cf podía servir, además de para contar historias de aventuras futuristas y especular con inventos y avances que harían mejor la vida, para explorar la psicología de la gente. Es decir, cambiaron el espacio exterior por el espacio interior, trayendo al género un arsenal de técnicas literarias inéditas hasta entonces en el mundillo. Las obras se volvieron más oscuras, más experimentales, incluso. Huían del puro y simple escapismo

M. John Harrison, el autor de esta novela, pertenece a éste grupo de autores, cuidadoso con el estilo y amigo de explorar la oscuridad del alma de sus personajes.

Así que Luz no puede sino una rareza.

En una novela clásica, un científico haría un gran descubrimiento que tendría unas enormes consecuencias. Aquí, el científico pasa más tiempo huyendo de visiones, asesinando gente sin motivo y enfangado en una relación malsana que investigando cosas. Y en un space opera común y corriente el explorador galáctico se pasaría la novela viajando, descubriendo maravillas y luchando con malvados aliens, mientras que en Luz el explorador es un yonki de la realidad virtual, huyendo todo el tiempo. También huye la tercera protagonista del libro, una piloto de astronave, o más bien integrada en la nave, convertida en parte de ella.

Es curiosa esta novela. Coge el punto de partida más clásico posible para un space opera y le añade todos los ingredientes para crear una historia clásica de cf galáctica (batallas espaciales, acción, mundos extraños, criaturas increíbles...), pero lo hace todo de manera opuesta a lo esperado. De la misma manera que uno de los protagonistas se huye de una visión surgida de su infancia, la novela huye de lo que fue la cf en su época más clásica. Igual es cosa mía, pero este hecho, unido a que el destino de los protagonistas sea un lugar en el que todo lo imaginable se cumple... No sé, ¿No será que el autor piensa que hay la cf debería huir de los tópicos del pasado, de su infancia? ¿O será que hoy estoy un poco más triquismiquis de lo habitual?

Da igual. En cualquier caso, el libro está muy bien, es ágil, entretenido y posee una carga de profundidad, oscuridad y gusto por lo malsano muy poco habitual.

26.10.06

El río de los dioses

Le tenía muchas ganas a este libro, no voy a negarlo, gracias a la sorpresa que supuso en su momento la lectura de la primera (y, lamentablemente, única traducida al castellano) novela de su autor, Ian McDonald, la muy original y conseguida Camino Desolación. Y aunque a veces esperar demasiado de un libro (o de cualquier otra cosa) conduce a la decepción, éste no es el caso, y esta El río de los dioses me ha parecido, como mínimo, tan lograda como la anterior.

Estamos en 2047, justo el año del centenario del nacimiento de la India, en la ciudad de Varanasi, a orillas del río Ganges (Ganga). Un lugar en el que conviven rateros traficantes de órganos con policias encargados de cazar inteligencias artificiales fiera de control, un lugar hipertecnificado y al mismo tiempo celosísimo de sus tradiciones y creencias. Templos dedicados a todo tipo de deidades conviven con nuevas maneras de concebir la sexualidad propiciadas por los avances científicos. Un escenario complejo y vivo, como compleja es la historia que se desarrolla en él. Y nuevo. Esta ciudad de la India no tiene nada que ver con un Tokio futurista, ni con ninguna megaciudad típica de historia de cf, y el cambio es muy refrescante. Porque, además, la imagen que transmite la novela de este lugar resulta de lo más creíble.

Este escenario se nos va presentando a través de las historias, que al principio parecen no tener relación entre sí, de cada uno de los diez protagonistas. Diez personajes que abarcan todo el espectro social de la ciudad. Desde el más adinerado empresario al más pobre ratero, desde el más influyente consejero del gobierno al (¿a la?) más insignificante diseñador (¿diseñadora? ¿Tal vez las dos cosas a la vez? ¿O quizás ninguna de las dos cosas?) del culebrón de moda. Personas muy distintas entre sí, cuyas historias fluyen poco a poco hasta desembocar en algo mucho más grande. Puede parecer típico, pero creedme, no lo es en absoluto. De hecho, esta novela parece huír de los tópicos.

Sinceramente, soy del todo incapaz de resumir de qué va la novela. Sí, puedo decir que a veces parece cyberpunk, a veces "costumbrismo futurista", a veces un relato de politiqueos, y a veces la historia de una revolución, y es todas esas cosas y algunas más. Ya he dicho que en este libro se cuentan muchas cosas. Y además se cuentan de manera magistral. Diez puntos de vista para diez historias que comienzan siendo independientes y que, poco a poco, van cruzándose de manera a veces sutil, a veces más directa, pero nunca de manera forzada, que terminan por dar forma a algo mucho mayor que la suma de sus partes.

Podría estar horas hablando sobre este libro, pero no me gustaría destripar nada, así que terminaré. Y lo haré diciendo que, por sorprendente, estimulante, diferente y apasionante, El río de los dioses es, desde ya, mi libro favorito de este año. Sí, por encima de Jonathan Strange y mr. Norrell, que ya es decir...

20.9.06

20 años de Mirrorshades

"El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto"

El comienzo de Neuromante, de William Gibson es uno de los más míticos de la historia de la ciencia ficción. Además es considerado como el pistoletazo de salida del cyberpunk, la penúltima de las "revoluciones" que ha sufrido el género en su historia. Fue una novela muy discutida, al igual que todo el cyberpunk. Si dijo de ella que en realidad no aportaba nada nuevo, y también gozó de una popularidad inaudita fuera del mundillo. Despertó fanatismo, tanto a favor como en contra. Su mezcla de literatura negra hard boiled, estética urbana (o casi sub-urbana), actitud desencantada y, sobre todo, la importancia que otorgaba al poder que da la información y el saber controlarla y manejarla resultaron claramente premonitorios. Y el hecho de que la tecnología (especialmente el ciberespacio que describía la novela) cojearan bastante en realidad no es importante. Lo importante es que acertó de lleno en la manera en que entenderíamos el mundo en nuestros días.

No obstante, la tremenda popularidad del libro propició la aparición de multitud de clones que se quedaban en la superficie, en los tópicos del cyberpunk. Pareció que el subgénero consistía únicamente en tipos duros antisitema, hackers con implantes para conectarse directamente al ciberespacio, poses molonas y guerras contra megacorporaciones. Fruto de esto se llegó a decir que el cyberpunk había nacido muerto.

Pero lo que mucha gente ignora es que el momento en que el cyberpunk realmente tomó carta de naturaleza y donde mostró todas sus bazas fue un par de años después de la publicación de Neuromante. El cyberpunk se definió como tal en 1986, justo hace 20 años, con la aparición de Mirrorshades, una de las colecciones de relatos más importantes en la historia del género, un libro nacido con vocación (expresada a las claras por el escritor/ideólogo del movimiento, Bruce Sterling, responsable de la antología) de agitar el mundillo de la cf, y de aclarar qué es en realidad el cyberpunk.

"La ciencia ficción, al menos de acuerdo con el canon oficial, ha versado siempre sobre el impacto de la tecnología. Pero los tiempos han cambiado desde la confortable era de Hugo Gernsback, cuando la ciencia estaba santificada y confinada en su torre de marfil. La desenfadada tecnofilia de aquellos días, cuando las autoridades gozaban de un confortable margen de control, pertenece a una época desaparecida y en letargo.

Al contrario, y en abierta oposición, la tecnología es para los cyberpunks algo visceral. Ya no es el genio de la botella de los inventores de la gran ciencia. Por contra, ahora es ubicua y llamativamente íntima. No está fuera de nosotros, sino dentro, bajo nuestra piel y, a menudo, en el interior de nuestra mente.

La propia tecnología ha cambiado. Ya no es para nosotros esas gigantescas maravillas que escupían vapor, como la presa Hoover, el Empire State Building o las centrales nucleares. La tecnología de los ochenta se pega a la piel, responde al tacto: los ordenadores personales, los walkman de sony, el teléfono móvil o las lentes de contacto blandas."


(Bruce Sterling en el prólogo de Mirrorshades)

20 años después, el cyberpunk sigue dando guerra en comics, cine, videojuegos y literatura, lo que no está nada mal para haber nacido muerto, pero todo comenzó aquí. Neuromante fue la novela fundacional, pero Mirrorshades es la biblia del cyberpunk. Y disfrutar de ella es tan fácil como pinchar aquí. Leed y sorprendeos.


4.9.06

Leyes de mercado

"-A eso nos dedicamos aquí, Paco. Gestión comercial neoliberal. Caos internacional, muerte y destrucción por mando a distancia. Las leyes del mercado en acción. Si no te gusta..."

Bien, pongámonos en situación: Dentro de unos años (no muchos). La globalización prospera, el neoliberalismo se impone. El capitalismo más salvaje triunfa. Solamente importan los beneficios. El fin justifica los medios siempre y cuando ese fin reporte ganancias para la empresa. Sobran aspirantes a ejecutivos (bueno, Zektivs), todos sobradamente preparados, porque los Zektivs son la élite. ¿Políticos? Bah, peleles. Un zektiv tiene prácticamente carta blanca para hacer lo que quiera. Tiene armas exclusivas y los coches con mejores blindajes. Y lo del blindaje es importante: Para conseguir el puesto de Zektiv en una empresa debes demostrar que eres más duro que los demás. Concretamente: Debes retar al tipo que ocupa el puesto que deseas a un duelo, y demostrar, volante en mano, que vales más que él. ¿Que muere? Peor para él. Eso demuestra que eres más apto que él para el puesto.

En este contexto, Chris Faulkner es al mismo tiempo un triunfador y una rareza. Un triunfador porque se ha labrado una gran reputación en "Mercados emergentes". Y muy rápidamente. Y una rareza porque su curriculum muestra una extraña falta de víctimas mortales en sus duelos. De hecho, una vez incluso rescató a una de sus víctimas y la llevó al hospital... Y eso es algo impensable en su nuevo trabajo en "Inversión en conflictos" (que es justo lo que su nombre indica: La división encargada de invertir en guerras, los que ponen y quitan gobernantes por todo el mundo).

"Vuelve con sangre en las ruedas o no vuelvas"

La novela comienza con el primer día en su nuevo trabajo de Faulkner, y es sobre todo la historia de un tipo que intenta conservar un mínimo de decencia en las peores circunstancias posibles. Y lo hace en medio de charlas de negocios, duelos en coche a velocidades absurdas y súbitas explosiones de violencia más física, que contrastan por secas y despiadadas con la espectacularidad de los duelos en la carretera. Algo así como colar escenas de Takeshi Kitano en una película de John Woo. Y la comparación fílmica no es casual, puesto que se trata de una novela muuuy cinematográfica (aunque a veces un poco demasiado "peliculera"). Casi parece haber sido escrita pensando en la adaptación al cine...

Pero eso no tiene por qué ser malo, por supuesto. Y en este caso no lo es. Leyes de mercado engancha desde el primer momento, cuenta con unos personajes ciertamente conseguidos y carismáticos, y la trama es muy sólida. Es una novela, sí, contundente y conseguida, y retrata un mundo peligrósamente similar al que nos rodea hoy mismo. De hecho, por momentos parece "basada en hechos reales"...

Aquí podéis leer la presentación de la novela.

17.8.06

La brújula

El escritor afirma, convencido, que existen escritores viajeros y escritores turistas, y el lector no puede sino asentir. Cada libro es un mundo, y leer es en algunos casos explorar y en otros visitar.

La brújula es un mundo para explorar, un diario de viajes no solo físicos. Un mundo en el que el escritor trata de descifrar los lugares que visita y en el que el lector asiste a una búsqueda constante, entre paises al borde de una revolución, ciudades que en realidad son museos y montañas gemelas. La búsqueda de una voz propia con que trazar el mapa que dé sentido al mundo.

Viaje, movimiento, búsqueda, aprendizaje ("el desplazamiento es doble, sirve para desaprender lo que te dieron como cierto") y ningún respeto por las fronteras, saltando de Mexico a Bolivia, y de ahí a Rosario (Argentina) y a la montaña escalonada de Taishan, saltando del diario al ensayo, a la crónica y al relato. Muchas veces todo al mismo tiempo. Literatura, al fin y al cabo.

Al leer "Ene", el lector escuchó una voz familiar durante todo el trayecto (el lector es amigo del escritor...). Pero al leer "La brújula" ha escuchado una voz distinta. La voz de un escritor. Una voz que se mueve, busca, aprende. Una voz que viaja. Y, con el viaje, crece.